Bloc personal,

dimecres, 18 de juliol de 2007

Oda a la masturbació


(Weeds, capítol 3 "El último tango en Agrestic", 2a temporada)









Bien, presta atención, voy a ir al grano.

Tu cuerpo está cambiando, pero eso es bueno. El problema es que cada vez que meneas el pepino acabas con un montón de sustancia blanca no deseada. ¿No es cierto?

Bien. Primera norma a cumplir: se acabaron los calcetines; son caros y acaban por bloqueando las cañerías. Puede que quieras preguntarme "tío Andy, ¿qué hago con la mermelada si no puedo echarla en el calcetín?". Buena pregunta. Puedes pasártelo muy bien animando el tigre en la ducha por la mañana. Eso elimina la necesidad de un recipiente.

Pero el día es largo y masturbarse es divertido así que, a menos que te duches cuatro o cinco veces al día, necesitas otras opciones.

Empezemos por lo más básico. Pañuelos de papel. Un sustituto perfecto del calcetín para esa sustancia cremosa. Pero resultan secos y ásperos para esa piel tan suave y sensible, por no decir que se quedan pegados en la cabeza del miembro. ¡Fuera!

De ahí pasamos a recipientes más lubricados. Como por ejemplo, el plátano. Paso 1 pelas el plátano. Paso 2 pasas la piel por tu pito erecto y a trabajar. Para mejorar el rendimiento, calienta la piel en el microondas. Pero no demasiado... podrías quemártela.

También hay aceite de oliva, crema hidratante, miel, saliva, mantequilla, suavizantes para el cabello y vaselina. Todos sirven como lubricante. Aunque el mejor lubricante es el lubricante. Así que ahorra dinero e invierte en lubricante.

Bien. Prosigamos. Cuando te la menees en el váter, afina la puntería. En la cama coje una camiseta o una toallita de manos que no te importe tirar después de habértela meneado.

No es cierto que sacarle brillo al cetro demasiado te deje sin fuerzas: reduce el estrés y mejora la función inmunológica. Además con la práctica se llega a la perfección, así que trabaja el control ahora que eres un solista y en el futuro podrás interpretar muchos duetos felices.

Muy bien, se acabó la clase.

¡Eh!
(li diu l'oncle al nebot, tot tirant-li un plàtan), haz tus deberes...


¿Per què no vaig tenir jo aquesta conversa (o monòleg, de fet) quan tenia l'edat del protagonista, o almenys rebre la informació que d'aquí se'n desprén en comptes de dir-nos que ens tornaríem cegs o de grans tindríem els fills subnormals? Potser perquè qui ens ho havia d'haver explicat tampoc en tenia ni idea i pensava que allò que ells també feien estava mal fet... i només hi havia experiència personal única, mai compartida... potser és perquè no hi havia internet... ;-)

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