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dimarts, 11 de setembre de 2007

"La parte contratante de la primera parte..."

Feia molt de temps que tenia ganes de transcriure aquest monòleg del Grouxo March a "Una noche en la ópera".

- ¿No sabe usted leer?
- Sé leer, pero no tan de cerca.
No sé qué me pasa que se me desenfoca.
Si tuviera los brazos más largos lo leería.
¿No tiene por casualidad un chimpancé en el bolsillo?
Ah, ya. Ahora veo bien.
Haga usted el favor de poner su atención en la primera cláusula porque es muy importante. Dice que...
"La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte."
¿Qué tal? Está muy bien, ¿eh¿
- No, eso no está bien.
- ¿Por qué no está bien?
- No lo sé... quisiera volver a oirlo.
- Dice que...
"La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte."
- Ji, ji. Esta vez parece que suena mejor.
- A todo se acostumbra uno. Si usted quiere lo leo otra vez.
- Tan sólo la primera parte.
- ¿Sobre "la parte contratante de la primera parte"?
- No, sólo la parte de "la parte contratante de la primera parte".
- Dice que...
"La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte. Y la parte contratante de la primera parte será considerada en este contrato".
Oiga, ¿por qué hemos de pelearnos por una tontería como ésta? ¡La cortamos!.
- Sí. Es demasiado largo.
¿Qué es lo que nos queda ahora?
- Más de medio metro todavía.
- Dice ahora...
"La parte contratante de la segunda parte será considerada como la parte contratante de la segunda parte".
- Eso sí que no me gusta nada.
- ¿Qué le encuentra?
- Nunca segundas partes fueran buenas.
- El otro día vi un partido de fútbol y la segunda parte fue mejor que la primera.
Le pegaron al árbitro y todo...
- Eh, escuche... ¿Por qué no hacer que la primera parte de la segunda parte contratante sea la segunda parte de la primera parte?
- Pues... eh... En vez de discutir, ¿qué le parece a usted si...?
- ¡Bien!
- Aquí hay una cláusula que le va a volver a usted loco de alegría. Ya lo verá.
- No, no me gusta.
- ¿Qué es lo que no le gusta?
- Sea lo que sea no me gusta.
- Bueno no vamos a romper nuestra vieja amistad por una cosa sin importancia.
¿Listo?
- Listo.
Ahora en esta parte que sigue hay algo que no le gustará.
- Bien, su palabra es suficiente para mi.
Dígame, ¿la mía suficiente para usted?
- Desde luego que no.
- Bueno, quitemos un par de cláusulas...
"La parte contratante de la octava parte...".
- No.
- ¿No?
- No. He dicho que no.
- "La parte contratante de...".
- No. Eso tampoco.
- ¿No?
- No.
Oiga, ¿cómo es que mi contrato es más pequeño que el de usted?
- No lo sé. Seguramente será porque usted es más chico que yo.
De todos modos estamos de acuerdo, ¿verdad?
- Sí. Eso sí.
- Entonces ponga usted su firma ahí y así el... contrato será legal.
- Me olvidé de decirle que no sé escribir.
- Oh, es igual, la estilográfica no tiene tinta. Pero el contrato está hecho, ¿no es eso?
- Ah, claro.
- Lo que obliga un contrato.
- Por supuesto.
- Aunque sea muy pequeño
- Oh, espere, espere. ¿Qué es lo que dice aquí en esta línea?
- Oh, eso no es nada. Una cláusula común a todos los contratos.
Sólo dice, dice...
"Si se demostrase que cualquiera de la partes firmantes de este contrato no se halla en el uso de sus facultades mentales, quedará automáticamente anulado en todas sus cláusulas".
- Pero yo no sé si...
- No se preocupe. Hay que tomarlo en cuenta en todo contrato. Es lo que llaman una cláusula sanitaria.
- Ja, ja, ja. No me diga que ahora tenemos que vacunarnos.
- Tenga, se lo ha ganado. ¡Por idiota!
- Gracias.
- Vacunarnos...
- Se lo daré a Ricardo.



I aquí l'escena en vídeo.

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